Ya se aproxima la hora de partir. Quien me lo iba a decir a mi cuando decidí no utilizar el vuelo de regreso a Madrid desde El Cairo, hace dos meses ya: el gusanillo. Y mañana a Bulgaria, ¡que bulgaridad! Ahora llueve de lo lindo y pretendo deshacerme de peso enviando cosas que quiero conservar como: el gran cuaderno de viajes ilustrado que me he currado a tope, mi catalejo y una primera edición de un libro de John Steinbeck de 1945 encontrada en Damasco. Me cuesta salir de este país pintoresco y alejado, próximo y conocido al mismo tiempo; tan contradictorio resulta. Por supuesto que no lo he visto todo porque en un mes y a mi velocidad... En Estambul creo que he dejado cosas adrede sin ver con la esperanza abierta de volver alguna otra vez y pegarle otro buen repaso. Hay un barrio parecido a "La Boca" lleno de casas de madera pintadas de colores y ropa colgada de lo más interesante que se llama Kadirga, al que no pude sacarle fotos porque mi sencilla cámara empieza a desvariar. Tambien hacer un intensivo de barcos por el Bósforo porque nunca es suficiente. Empaparme de lleno de las mil actividades culturales que se suceden en la ciudad y encontrar esos rincones menos hablados y de cuya existencia uno se entera porque alguien le susurra al oído una palabra. Y si puedo mañana me voy a la "Moda", otro barrio en Kadikoy al que se puede llegar en un tranvía de madera. Lástima que los trenes a Europa no salen porque están arreglando las vías y mañana tendré que irme a Bulgaria en autobús Al menos, mientras caía el inmenso chaparrón, me he tomado a cubierto. una taza de té turco en la cafetería de la estación del mítico Orient Express; un té vulgar y corriente en una silla incomoda y algo caduca al doble de precio que en el divertido cafetin de la esquina. Qué me deparará Bulgaria... tengo vagos recuerdos de halterofília y filatelia y de gruesas señoras que amasan el pan y masajean tu espalda. Escriben en cirílico y...¿hablarán en cirílico? Adiós Estambul; mon amour. Tamam. justo he tenido tiempo de conocer la "Moda" lleno de artistas pintando, cafés, centros culturales...he mirado los alquileres pa venirme un mes la proxima vez...yuppyyy
He descubierto Kadikoy, una zona de Estambul llena de vida, en Asia, toma ya. Básicamente está frecuentada por locales, algunos profesores de ingles y algún turista perdido. La zona del embarcadero de Ferrys esta llena de puestos callejeros y desde el próximo conservatorio de música se escapan las notas a la calle para confundirse con las bocinas de los barcos que como trombones de varas hacen sus pinitos en la rítmica partitura de la vida. Hay tiendas de libros y discos de segunda mano, de cómics, de antigüedades y almonedas; cafés y restaurantes con conciertos y algunas galerías de arte. Me explican que eso es porque es un barrio socialista y me callo. Hay ahora conciertos en el paseo marítimo y una pequeña feria con una veintena de puestos coloridos. El grupo que toca esta compuesto de 8 músicos. Su repertorio esta basado en la música tradicional turca, de gran belleza y ritmo. Las gitanas balcánicas que venden flores y que son mas feas que las patatas viejas se arremolinan ante el escenario al aire libre y comienzan a contonearse con gracia y convulsos golpes de cintura. Entonces acude más público y todos somos cautivados por su atrevimiento y desparpajo; incluidos los propios músicos. Se ganan por unos minutos el respeto y la atención de los presentes y por ultimo el aplauso merecido de todos. Estrellas por un día, fugaces. En la imponente estación de trenes de Haydarpasa, palacio de principios de siglo de estilo Neo ClásicoGermánicoAtómico, regalo de un Kaiser a un Sultán, se están celebrando interesantes propuestas escénicas: danza contemporánea sobre andenes, conciertos de música europea balcanizada, proyecciones vanguardistas sobre la fachada al anochecer, teatro y pelis en la gran sala de espera de la estación...A ver si siguen así el 2011. Como no sabía nada de todo esto lo disfruto el doble. Los otomanos vuelven a la carga con sus ropajes y sus músicas potentes. ¡Que divertido! En el ultimo concierto de la noche han arrojado mas de 80 grandes cojines de colores sobre el suelo de la estación y al final todo el mundo se ha levantado a bailar espontáneamente con gran jolgorio y alegría. Nunca había visto antes una estación de tren tan divertida. Mañana más. Ya no me sacan de Kadikoy, ya que solo me queda un día antes de partir. Pero hay pasajeros vestidos de luto a los que no veras divertirse nunca y que parecen dar la espalda a la alegría...
La primera noche ha sido animada porque Kemal nos ha organizado una cena con sus amigos y ya de paso despedimos a Diana que se vuelve a Moscú. El restaurante esta en Taksim: el punto de ebullición. Caminas entre la gente por esta gran vía y parece que se esté celebrando algo, un acontecimiento histórico, como si a todo el mundo le hubiera caído un pellizco de la lotería y salieran con ganas a gastarlo. En la cena aparece sorpresivamente el siciliano Andrea que conocimos en Valle de las Mariposas y que se va a quedar con nosotros esta noche. Se bebe "raqui", la bebida nacional que es un licor anisado al que se le mezcla agua. Lo curioso es que no lo hacen a los postres sino que le atizan desde temprano a modo de aperitivo. Al final de la cena somos los que mas gritamos y eso me trae recuerdos de España. Diana se despide toda triste con su bolsa de regalos: básicamente cosas que beber y comer compradas en el Gran Bazar que para su asombro ha resultado tranquilo y respetuoso. Lo ha disfrutado como nunca y cuando se ha relajado se ha atrevido a regatear con cierta confianza y buenos resultados. Para m,i que es la primera vez, me gusta, y me parece que habrá otra visita por mi cuenta. Los comerciantes, muy al contrario de lo que habíaoído y leído son amables y sonrientes sin acosar. A veces lo que desean es que les prestes tu atención unos segundos y una vez realizado su trabajo ya te puedes alejar con una sonrisa. Todos contentos. Buenas charlas con algunos vendedores y detalles dignos de mención. Quizá han sido adoctrinados porque Estambul esta siendo la "capicultu"del 2010. Pensaba que la marcha en Taksim duraba solo el fin de semana pero, que equivocado estoy: aquí hay movida a diario. Ahora, además, hay algo de jaleo extra pues se suceden las demostraciones de repulsa por la muerte de 9 ciudadanos turcos en un ataque a un barco con ayuda humanitaria que se dirigía a Gaza. Las medidas de seguridad que la policía toma son tan abrumadoras que a uno se le quitan las ganas de decir"jolines". Hay como 2000 bares y restaurantes y los comercios parece que no cierran nunca. La gente es guapísima como una élite acomodada dentro de Turquía. Abunda la juventud y todos procuran ir a la moda. Hay locales para todo tipo de público, y en ellos puedes quedarte hasta la madrugada porque no hay problema para encontrar taxi o "dolmus" colectivos de vuelta. La noche parece muy segura en las zonas concurridas, y no hay escandaleras ni peleas; por lo que he visto. Andrea y Kemal, como osos beodos, llegan a las 5 con dos botellas de "Yeni Raki" de más pero no les tengo que acostar, esta vez.
Enamorado con pasión de la "Ciudad Europea de la Cultura 2010". Ha sido un flechazo instantáneo. La vibración de esta ciudad es increíble e inagotable; arrebatado estoy. Cada vez que salgo me encuentro un día soleado y colorido, mil planes que hacer y una sensación en el estomago cosquillosa. La gente es encantadora y es extraño encontrarte rostros enojados o avinagrados. Como toda ciudad mediterránea aquí se vive de puertas para afuera, las calles están concurridísimas a todas horas, las terrazas y los bares y cafés animados y...que me quedaría a vivir aquí si pudiera. Estoy en la zona Asia en casa de mi amigo Kemal. Para cruzar el Bósforo embarco en el ferry que cruza a Eminonu en la zona Europa. Todos los días me cruzo dos continentes de este modo tan fácil, divertido, entretenido y económico (0.75 euros) para una travesía de 25 minutos. Las gaviotas nos siguen de cerca para pescar al vuelo trozos de pan que los pasajeros lanzan al aire. El ferry es popular y su estado de conservación, a pesar del uso, es perfecto. Cuando vas llegando a Eminonu lo primero que ves es la colina sobre la que se asienta el fabuloso palacio de los sultanes "Topkapi", las cúpulas y minaretes de Santa Sofia y la Mezquita Azul, como en un sueño. Y ya mas cerca la Mezquita Nueva y el puente de Galatasaray con sus restaurantes a lo largo de la parte baja y el espectáculo de las mil cañas de pescar por la de arriba. El puente comunica ambas orillas del "Cuerno de Oro". Desembarcas y al momento estas rendido a la ciudad, no puedes quedarte indiferente, es imposible. La mirada va de un lado a otro: carritos de venta de mejillones con limón, de doradas mazorcas de maíz amarillo, de peces asados, de helados de colores que vuelan por el aire por la pericia del heladero con su percha de metal; los tranvías, los taxis y los barcos, y las vestimentas llamativas de los paisanos, los uniformes de colores de diseños como nunca vistos. Y los olores arrebatándote el sentido; a mar, a gasóleo, a pez asado, a comidas callejeras...Sonidos de campanillas que te avisan de que te arrolla un tranvía si no te apartas, los golpes de cencerro de un heladero que te recuerda donde esta su puesto. y por supuesto, las graves y profundas bocinas de los buques diciendo: ¡Bosforooo!, y las voces anunciadoras de productos en un idioma babélico entremezclándose sinuosamente en tus oídos. Cuando te detienes y observas los rostros y las expresiones de las personas que aquí viven y trabajan intuyes que hay un ánimo de contacto con el otro. Te paras y sonríes, comentas algo y entonces, como una ostra, el otro se te descubre para brindarte...
lo que lleva dentro de si: la perla de la hospitalidad.
Kemal tiene que regresar a Estambul y nos propone acompaniarle en su coche. Parece que a todos nos encaja la idea; Diana vuela de regreso a Moscu y mi tiempo mariposa se ha cumplido. Tras pasar una magica noche en la hoguera viendo el fuego y escuchando a ese varonil cantante que toca el banjo turco les regalo a todos con un concierto de flauta. Disimuladamente van todos desapareciendo llevados por bostezos y hasta la luna llena va ha ocultarse tras una nube que pasaba por alli. Me quedo solo con el perro mastin mas tontorron de todos que, dandome un lameton en la rodilla como entendiendo algo de mi pesadumbre, va y se derrumba luego a un lado con sus 55 kg de pachorra canina. Pero las danzas de Diana y Angie han dejado una estela de fuego aun. Tras desayunar el desayuno turco que es surrealista, ya que consiste en huevos duros con aceitunas saladisimas negras y verdes, tomate, pepino y pan con mermelada de avispas nos vamos despidiendo de los personajes de esta memorable funcion. Es de lo mas curioso lo que sucede; en 18 dias yo no lo he visto nunca. Se vienen todos al Dolmus y parece que coincide que quieren hacer algo en Oludeniz al mismo tiempo. Incluso el pequenio perro listo se adentra en el agua hasta que las arrulladas olas le llegan al cuello quedandose viendonos partir imperterrito o imperperrito. Los que se quedan en la arena nos despiden amorosa y sinceramente. Se nota algo en el ambiente que roza la magia. Incluso el mar se ha detenido y solo parece que nos deslizamos por la superficie de un suenio hermoso y ralentizado. Estamos todos dentro; en el mismo barco. Que sensaciones mas poderosas. Lo comentamos entre nosotros y coincidimos por completo. Algo universal mas alla de las diferencias linguisticas, culturales, regionales...Nadie quiere quedarse hoy en el valle. Kemal arranca y seguimos unidos en un viaje de 12 horas por carreteras bien asfaltadas. LLegamos de noche cansados realmente. Hemos charlado y cantado y reido y soniado. Que nos deparara Estambul? Tamania contradiccion el transito a una populosa ciudad de 20 millones de habitantes. El piso de Kemal es fantastico...pero a mi bungowcito me venian las mariposas a despertar. Ronco como un tractor esta noche.